sábado, 18 de diciembre de 2010

Ábrete Sexo



Ábrete sexo
como una flor que accede,
descorre las aldabas de tu ermita,
deja escapar
al nadador transido,
desiste, no retengas
sus frágiles cabriolas,
ábrete con arrojo,
como un balcón que emerge
y ostenta sobre el aire sus geranios.
Desenfunda,
oh poza de penumbra, tu misterio.
No detengas su viaje al navegante.
No importa que su adiós
te hiera como cierzo,
como rayo de hielo que en la pelvis
aloja sus astillas.
Ábrete sexo,
hazte cascada,
olvida tu tristeza.
Deja partir al niño
que vive en tu entresueño.
Abre gallardamente
tus cálidas compuertas
a este copo de mieles,
a este animal que tiembla
como un jirón de viento,
a este fruto rugoso
que va a hundirse en la luz con arrebato,
a buscar como un ciervo con los ojos cerrados
los pezones del aire, los dos senos del día.


Ana Istarú

domingo, 31 de octubre de 2010

viernes, 17 de septiembre de 2010

Las Estatuas en la Noche


Las Estatuas en la Noche



Limitadas por un horizonte lejano, que desde cierto punto se encuentra muy remoto y parece fundido con la brillantez azul de un cielo metálico, contrastan el negro esplendor de sus formas marmóreas con el insuperable resplandor del sol. Construidas en el amanecer de los tiempos, por una raza cuyas tumbas en forma de torre y ciudades de altas cúpulas constituyen ahora un solo polvo con el de sus constructores en las lentas evoluciones del desierto, permanecen en pie para contemplar los terribles amaneceres postreros, que surgen en otros países, consumiendo los velos de la noche en las desolaciones infinitas. Al mismo nivel de la luz, sus ceños temibles conservan el orgullo de los reyes Titánicos. En sus ojos de mirada pétrea, implacables y sin párpados, se refleja la desesperación de quienes han contemplado el infinito durante demasiado tiempo.
Mudas como las montañas de cuyo seno metálico surgieran, sus labios nunca han reconocido la soberanía de los soles que en llamarada triunfante cabalgan de horizonte a horizonte por la tierra subyugada. Unicamente al atardecer, cuando el oeste arde como un horno gigantesco, y las lejanas montañas lanzan chispas doradas a las profundidades de los cielos caldeados —únicamente al atardecer, cuando el este se hace infinito e indefinido, y las sombras del desierto se mezclan con la sombra de la noche hasta formar una sola—, entonces, y sólo entonces, surge de sus gargantas pétreas una música que se eleva hacia el horizonte cobrizo; es una música fuerte y triste, extraña y de gran sonoridad, como el canto de las estrellas negras, o la letanía de dioses que invocan olvido; es una música que enternece al desierto llegando hasta su corazón de roca, y que retumba en el granito de tumbas olvidadas, hasta que los últimos ecos de su alegría, cual trompetas del destino, se unen al negro silencio de lo infinito. 
Clark Ashton Smith

martes, 31 de agosto de 2010

Las ventajas de las gallinas de viento



Porque apenas ocupan sitio
en sus perchas de corrientes de aire
y no picotean mis domésticas sillas.
Porque no desprecian las duras mondas de los sueños,
ni corren tras las letras
que el cartero pierde cada mañana ante mi puerta.
Porque se quedan quietas
de la pechuga al penacho,
paciente superficie, escrita en letra pequeña,
sin olvidar plumas ni apóstrofos...
Porque dejan la puerta abierta
y la clave sigue siendo la alegoría
que canta de vez en cuando.
Porque sus huevos son tan ligeros
y digeribles, traslúcidos.
Quién vio ese instante
en que el amarillo se harta, agacha las orejas y calla.
Porque su silencio es tan suave,
la carne del mentón de una Venus,
las alimento...

A menudo con viento del Este,
cuando pasan las hojas de tabiques intermedios,
se abre un nuevo capítulo
y me apoyo feliz en la valla,
sin tener que contar las gallinas...
porque son innumerables y se multiplican sin pausa.


Günter Grass

jueves, 19 de agosto de 2010

Persona



Las imágenes crean ese ambiente inequívoco donde la palabra cae en un espacio vivo y lleno de significado. Se obtiene así un lenguaje que le permite captar la vida como si fuera un reflejo, la vida como si fuera un sueño”.
Ingmar Bergman

viernes, 30 de julio de 2010

Portico Quartet - Line




















 DETRÁS DE AQUELLA PUERTA 

En algún lugar del gran muro inconcluso está la puerta,
aquella que no abriste
y que arroja su sombra de guardiana implacable en el revés de todo tu destino.
Es tan sólo una puerta clausurada en nombre del azar,
pero tiene el color de la inclemencia
y semeja una lápida donde se inscribe a cada paso lo imposible.
Acaso ahora cruja con una melodía incomparable contra el oído contra el oído de tu ayer,
acaso resplandezca como un ídolo de oro bruñido por las cenizas del adiós,
acaso cada noche esté a punto de abrirse en la pared final del mismo sueño
y midas su poder contra tus ligaduras como un desdichado Ulises.
Es tan sólo un engaño,
una fabulación del viento entre los intersticios de una historia baldía,
refracciones falaces que surgen del olvido cuando lo roza la nostalgia.
Esa puerta no se abre hacia ningún retorno;
no guarda ningún molde intacto bajo el pálido rayo de la ausencia.
No regreses entonces como quien al final de un viaje erróneo
—cada etapa un espejo equivocado que te sustrajo el mundo—
descubriera el lugar donde perdió la llave y trocó por un nombre confuso la consigna.
¿Acaso cada paso que diste no cambió, como en un ajedrez,
la relación secreta de las piezas que trazaron el mapa de toda la partida?
No te acerques entonces con tu ofrenda de tierras arrasadas,
con tu cofre de brasas convertidas en piedras de expiación;
no transformes tus otros precarios paraísos en páramos y exilios,
porque también, también serán un día el muro y la añoranza.
Esa puerta es sentencia de plomo; no es pregunta.
Si consigues pasar,
encontrarás detrás, una tras otra, las puertas que elegiste.

Olga Orozco

jueves, 8 de julio de 2010

Instantánea






















INSTANTÁNEA
El dragón es un animal quimérico, yo soy un dragón
y te amo,
es decir amo tu nariz, la sorpresa
del zafiro de tus ojos,

lo que más amo es el zafiro de tus ojos;
pero lo que con evidencia me muslifica son tus muslos
longilíneos cuyo formato me vuela
sexo y cisne a la vez aclarándome lo perverso
que puede ser la rosa, si hay rosa
en la palpación, seda, olfato 

o, más que olfato y seda, traslación
de un sentido a otro, dado lo inabarcable
de la pintura entiéndase
por lo veloz de la tersura
gloriosa y gozosa que hay en ti, de la mariposa, 

así pasen los años como sonaba bajo el humo el célebre
piano de marfil en la película; ¿qué fue
de Humphrey Bogart y aquella alta copa nórdica
cuya esbeltez era como una trizadura: qué fue
del vestido blanco? 

Décadas de piel. De repente el hombre es décadas de piel, urna
de frenesí y
perdición, y la aorta
de vivir es tristeza,
de repente yo mismo soy tristeza; 

entonces es cuando hablo con tus rodillas y me encomiendo
a un vellocino así más durable
que el amaranto, y ahondo en tu amapola con
liturgia y desenfreno,
entonces es cuando ahondo en tu amapola, 

y entro en la epifanía de la inmediatez
ventilada por la lozanía, y soy tacto
de ojo, apresúrate, y escribo fósforo si
veo simultáneamente de la nuca al pie
equa y alquimia.

Gonzalo Rojas

miércoles, 16 de junio de 2010

El Libro Negro


        El Libro Negro - Leon Arsenal


Ahora que pienso en ello, no sé por qué, pero imaginaba de otra forma al
dueño del Libro Negro. Desde luego, no esperaba encontrarme con un hombre
fuerte y entrado en años, con algo que me recordaba a los tenderos de
antes: uno de aquellos personajes de mandiles a rayas que conocían el
nombre de sus clientes y que atendían el mostrador con un lápiz detrás de
la oreja. Y, sin embargo, un hombre así fue quien respondió a mis
llamadas.

-El Libro Negro - dije simplemente -.
-¿El Libro Negro? - me miró con expresión perpleja.
-El Libro Negro - asentí, sin dejarme confundir por su falsa ignorancia -,
usted lo tiene.

Dudó un par de segundos, estudiándome pensativamente. Luego, con un gesto,
me franqueó el umbral de su casa. Aquel hombre vivía con modestia, en un
piso interior de paredes empapeladas. Le seguí hasta un salón minúsculo y
sombrío, abarrotado de viejos muebles oscuros y macetas con plantas de
interior. Me señaló una silla, cerrando los visillos de la ventana. Con el
índice, se ajustó las gafas de gruesos cristales.

lunes, 7 de junio de 2010

Nudo de Espejos




Nudo de espejos

Las bellas ventanas abiertas y cerradas
Suspendidas de los labios del día
Las bellas ventanas en camisa
Las bellas ventanas de cabellos de fuego en la noche negra
Las bellas ventanas de gritos de alarma y de besos
Encima de mí debajo de mí detrás de mí están menos que en mí
En donde sólo forman un único cristal azul como los trigos
Un diamante divisible en tantos diamantes como se necesitarían para
                                                                                               bañar a todos los bengalíes
Y las estaciones que no son cuatro sino quince o dieciséis
En mí entre las cuales está aquella en donde el metal florece
Aquella cuya sonrisa es tenue como un encaje
Aquella cuyo rocío al atardecer une las mujeres y las piedras
Las estaciones luminosas como el interior de una manzana de la que se
                                                                                     hubiera desprendido un trozo
O como un barrio excéntrico habitado por seres que están en combinación con el viento
O como el viento del espíritu que de noche hierra de pájaros sin límites a
                                                                                los caballos con ollares de álgebra
O como la fórmula

                 Tintura de pasionaria {aa 50 cent. cúbicos
                 Tintura de majuelo     {aa 50 cent. cúbicos

                 Tintura de muérdago                          5 cent. cúbicos
                 Tintura de escila                                  3 cent. cúbicos

                                                que combate el ruido del galope

Las estaciones rehacen malla a malla su red que resplandece con el agua
                                                                                                                        viva de mis ojos
Y en esa red todo lo que he visto es la espiral de una fabulosa caracola
Que me recuerda la ejecución en recinto cerrado del emperador
                Maximiliano
Y todo lo que he amado es la rama más alta del árbol de coral que será  fulminado
Es la estilográfica del reloj de sol a las doce en punto de la noche
Lo que conozco bien lo que conozco tan poco que préstame tus garras
                viejo delirio
Para alzarme con mi corazón a lo largo de la catarata
Los aeronautas hablan de la eflorescencia del aire en invierno.





André Bretón

sábado, 5 de junio de 2010

Para unos vivir


Para unos vivir
Luis Cernuda
 
Para unos vivir es pisar cristales con los pies desnudos; para otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere. Una flor se abre, una torre se hunde.
Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no había sol. Miré la luna; no había playa.
Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe cuya baraja se ha perdido.






lunes, 17 de mayo de 2010

El Silencio, Palabra y Ritmo

Antes de entrar en la habitación, incluso subiendo las escaleras, los sonidos eran los de la cordialidad recatada,  complicidad compartida, espera y expectativa.
Una vez dentro la autoorganización del grupo era el sonido emergente, que se mezclaba con el de los pensamientos, individuales en un principio, de cada uno de los sujetos. Los sonidos se correspondían intangiblemente con los del análisis y la atención del grupo; los oídos estaban abiertos.
Pero antes de llegar, mucho antes en la madrugada para mí ya había sonidos difíciles de olvidar. Estaba solo en un apartamento probablemente vacío, completamente desconocido. Mis movimientos eran los del buscador del detalle revelador de una presencia ajena, que no llegaba.
Únicamente el viento se manifestaba tangiblemente, golpeando contra la ventana de este noveno piso de soledad ahora dejada atrás. Estaba solo en una habitación vacía y mis oídos estaban bien abiertos, lo puedo asegurar.
Los bolígrafos rasgan inseguros el papel y el taller empieza. Cada participante escribe una historia sonora y a mí me es imposible no pensar un título de E. A. Poe, “El Poder de las Palabras”
 14.05.2010
El Relato de la Sombra de Providence, aquí debajo.

lunes, 3 de mayo de 2010

La Estirpe Desnuda de la Cuchara


LA ESTIRPE DESNUDA DE LA CUCHARA


Veo al oro verde con su espiga de dolor,
multiplicando su fruta de pan y espuma,
y vestido de lentitud, traer silbando
hasta la estirpe desnuda de la cuchara,
pólvora, vidrio molido y un largo grito.

Muere de hambre el hombre en la cosecha,
para su configuración y su boca, no hay espacio:
para él hay un sueño escrito en las paredes
y un monumento que amenaza su libertad.

La tumba lo espera
y él sangra.

Él desfila con su confusa historia de humo,
y rastreando en los párpados de la mañana
busca en la batalla del cereal
la muchedumbre de un amanecer imperecedero.

Pero llega la noche con el cuchillo,
y enredándose con el sudor amputa la lluvia,
hasta que difuso en el pulcro paisaje,
a su flor, mortalmente derrama.

Labora el hombre
 y luego
 cae muerto.
Elías Letelier


jueves, 29 de abril de 2010

Centinela


CENTINELA
Fredric Brown


Estaba húmedo, lleno de barro; tenía hambre y tenía frío y se hallaba a cincuenta mil años de luz de su casa.

Un sol daba una rara luz y la gravedad, que era el doble de aquella a la que él estaba acostumbrado, hacía difícil cada movimiento.

Pero en decenas de millares de años esta parte de la guerra no había cambiado. Los pilotos del espacio tenían que ser ágiles con sus diminutas astronaves y sus armas refinadas. Cuando las naves habían aterrizado, era, sin embargo, el soldado de a pie, la infantería, la que tenía que hacerse dueña del terreno, palmo a palmo y costase la sangre que costase. Esto es precisamente lo que sucedía en aquel maldito planeta de una estrella de la que no había oído hablar hasta que puso el pie en él. Y, ahora, era terreno sagrado porque los extranjeros también estaban allí. Los extranjeros, la otra única raza inteligente en la Galaxia..., raza cruel de monstruos abominables y repulsivos.

Se había tomado contacto con ellos cerca del centro de la Galaxia, después de la colonización lenta y dificultosa de unos doce mil planetas; fue la guerra a primera vista; habían disparado sin tan sólo intentar negociaciones o hacer una paz.

Ahora se luchaba planeta por planeta, en una guerra amarga. Se sentía húmedo, lleno de polvo, frío y hambriento, el día era crudo con un viento que dolía en los ojos. Pero los extranjeros estaban tratando de infiltrarse y cada puesto avanzado era vital.

Estaba alerta, con el fusil preparado. A cincuenta mil años de luz de su casa, luchando en un mundo extraño y dudando de si viviría para volver a ver el suyo.

Y entonces vio a uno de aquellos extranjeros que se arrastraba hacia él. Encaró el fusil y disparó. El extranjero dio este grito extraño que ellos dan y después quedó tendido en el suelo.

Le hizo temblar el espectáculo de aquel ser tumbado a sus pies. Uno puede acostumbrarse a ello después de un rato, pero él no lo había logrado nunca. ¡Eran unas criaturas tan repulsivas, con solamente dos brazos y dos piernas, y una piel horriblemente clara y sin escamas...!




[FIN]

domingo, 25 de abril de 2010

27



Los rostros que has ido abandonando
se han quedado debajo de tu rostro
y a veces te sobresalen
como si tu piel no alcanzara para todos.

Las manos que has ido abandonando
te abultan a veces en la mano
y te absorben las cosas o las sueltan
como esponjas crecientes.

Las vidas que has ido abandonando
te sobreviven en tu propia sombra
y algún día te asaltarán como una vida,
tal vez para morir una vez sola.

Roberto Juarroz

jueves, 15 de abril de 2010

Presentimiento






















PRESENTIMIENTO


Arde el fondo de la boca muda
mientras en el cielo gris eterno, estático,
dan un concierto los cuervos negros.
El aire, enrarecido.
Abajo, en la tierra húmeda y temblorosa,
mientras tanto, las palabras asustadas
son arrastradas lentamente hacia el exterior.

La tierra, caliente.
El silencio es la ansiedad candente
de los momentos previos a un suceso luctuoso,
tal como si todo fuese a estallar en mil pedazos.
El murmullo, ininteligible.
Nada... nada pasa... excepto, quizás,
el tiempo... con el pulso marcado por un reloj
en el que se clavan unos ojos que preguntan.
La duda, silenciosa.
De repente, una piedra cae en la balsa de aceite,
un maremoto sacude, y entre los restos del naufragio
aparecen, llorosas, las palabras caducas de la boca muda.


Íñigo Jesús Ansotegi Suárez

lunes, 12 de abril de 2010

La geometría de las sombras




Elric, Tecnomago: - Mis hermanos y yo existimos dentro de la ambigüedad. Somo soñadores, escultores, cantantes, y creadores. Estudiamos los misterios del láser y los circuitos. El cristal óptico y el escáner; Demonios Holográficos e invocaciones de ecuaciones. Esas son las herramientas que empleamos y sabemos muchas cosas, tales como los verdaderos secretos, las cosas importantes: Catorce palabras para hacer que alguien se enamore de ti eternamente; Siete palabras para hacer que te alivien el dolor; Cómo decirle adiós a un amigo que se muere; Cómo ser pobre,cómo ser rico; Cómo redescubrir los sueños cuando el mundo te los ha robado. Por eso nos vamos, para preservar ese conocimiento.

lunes, 5 de abril de 2010

El Cielo en Desintegración



El Cielo en Desintegración
Poul Anderson


El cuarto de Cliff Bronson estaba amueblado con suave buen gusto, un poco arcaico, con sus muebles oscuros y la chimenea, donde leves llamas cantaban y lanzaban destellos rojizos a la suave luz de la lámpara. Había albumes de discos de los antiguos maestros de la música, y los estantes contenían excelentes ejemplares de las obras de los grandes clásicos de la literatura mundial, desde Esquilo hasta Guthrie.

Pero entre los discos se encontraban también los siniestros desacordes de Stravinsky y Berlioz junto con las últimas novedades populares. Y algunos volúmenes sumamente curiosos y conturbadores se avecinaban con los de Shakespeare, Goethe y Voltaire. El bufón sardónico de Franz Hals miraba de soslayo en la habitación a un reciente Dalí. La disposición parecía deliberada, acaso simbólica.

Había una amplia ventana que miraba a la escarpada pared que parecían formar las millones de resplandecientes luces de Nueva York. La realidad restallaba el remoto tronar de su resaca contra la habitación. Pero entre sus paredes se perdía lo urgente e inmediato. La costosa radiotelevisión estaba cerrada. Su voz no podía dar el menor paso resonante como una trompeta hacia una guerra que solamente podía estar a semanas o días de allí. Su locutor exhalaba los tonos lánguidamente registrados de Delius, descanso y olvido junto a arroyos soñolientos, una paz bucólica que quizá nunca había existido.

martes, 30 de marzo de 2010

Oh! Coal Black Smith


 




















Current 93 - Oh! Coal Black Smith  

+ FAUST ( F. W. Murnau ) + Guerra Civil Española

Oh she looked out of the window
As white as any milk
But he looked into the window
As black as any silk
Hello, hello, hello, hello
Hello you coal black smith
Oh what is your silly song?
You shall never change my maiden name
That I have kept so long
I'd rather die a maid yes
But then she said
And be buried in my grave yes
And then she said
That I'd have such a nasty
Husky dusky musty funky
Coal black smith
A maiden will I die
Then she became a duck
A duck all on the stream
And he became a water dog
And fetched her back again
Then she became a hare
A hare all on the plain
And he became a greyhound dog
And fetched her back again
Then she became a fly
A fly all in the air
And he became a spider
And fetched her to his lair

Man is a beast of prey
The beast of prey conquers contries
Founds great realms by subdigation of other subdigators
Forms states and organises civilisations in order to enjoy his brooding in peace
Attack and defence
Suffering and struggle
Victory and defeat
Domination and servitude
All sealed with blood
This is the entire history of human race

And she became a corpse
A corpse all in the ground
And he became the cold grey clay
And smothered her all around.


sábado, 27 de marzo de 2010

El marido complaciente

  Marqués de Sade - El marido complaciente

Toda Francia terminó por saber que el príncipe de Bauffremmont tenía más o
menos los mismos gustos del cardenal del que acabamos de hablar. Le habían
concedido por esposa a una señorita muy novata, a la que, según la costumbre, no
habían aleccionado hasta la víspera.
- Sin más explicación – dijo la madre -, porque la decencia no me permite entrar en
ciertos detalles, hay una sola cosa que debo recomendarte, hija mía; desconfía de
las primeras proposiciones que te haga tu marido, y dile con firmeza: no, señor, de
ningún modo es por allí por donde se posee a una mujer honesta; por cualquier
otro lado, tanto como le guste, pero por allí no, por cierto...
Se acuestan, y por principio de pudor y honestidad que no le habían siquiera
sospechado, el príncipe, queriendo hacer las cosas en regla por lo menos la primera
vez, ofrece a su mujer sólo los castos placeres del himeneo pero la jovencita bien
instruida, se acuerda de la lección:
- ¿Por quién me toma, señor? – le dice -, ¿se pensó usted que yo consentiría en
tales cosas? Por cualquier otro lado, tanto como le guste, pero por allí no, por
cierto...
- Pero, señora...
- No, señor, es en vano, nunca va a conseguir que consienta.
- Pues bien, señora, hay que satisfaceros – dijo el príncipe, apoderándose de los
altares que le eran caros -; me disgustaría mucho que se dijera que alguna vez quise
desagradarle.
Y que vengan ahora a decirnos que no vale la pena instruir a las chicas sobre lo que
deberán dar algún día a sus maridos.

lunes, 15 de marzo de 2010

El Muelle




       EL MUELLE
Y en el universo,
la curva del tiempo
es mucho más grande que una manzana,
se parece a una línea recta
que el hombre no quiere entender.
Allí,
antes que existieran
tus ojos,
Dios,
la Coca-Cola
y el teléfono,
el universo tenía sentido:
era una lámpara, una manzana,
una fábrica de ladrillos;
era un canto vertido en una copa.
Sin embargo,
el hombre con sus pilares,
parásito bajo el imperio del Sol,
al no poder descifrar su origen,
se llamó hijo de Dios,
para creerse heredero del universo.

Elías Letelier


jueves, 11 de marzo de 2010

Estás perdiendo la cabeza, Viskovitz


 

Estás perdiendo la cabeza, Viskovitz.

Alessandro Boffa


¿Cómo era papá? –le pregunté a mi madre.
Crujiente, un poco salado, rico en fibra.
Quiero decir antes de comértelo.
Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko.
Me sentía más cercano que nunca a aquel genitor al que no había llegado a conocer, que se había descompuesto en el estómago de mamá mientras yo era concebido. De quien no había recibido calor, sino calorías. Gracias, papá, pensé. Sé lo que significa, para una mantis macho, sacrificarse por la familia.
Me detuve un instante, en grave recogimiento, ante su tumba, es decir, ante mi madre, y entoné un miserere.
Al poco rato, como pensar en la muerte nunca dejaba de provocarme una erección, consideré llegado el momento de reunirme con Ljuba, el insecto al que amaba. La había cono­cido más o menos un mes antes, en el matrimonio de mi her­mana, que por otra parte era también el funeral de mi cuña­do, y había quedado prisionero de su cruel belleza. No habíamos dejado de vernos desde entonces. ¿Cómo había sido posible? Dios me había bendecido con el don más apre­ciado por nosotros, los mantis: la eyaculación precoz, condi­ción indispensable de cualquier historia de amor que aspire a no ser efímera. La primera semana había perdido sólo un par de patas, las raptatorias, la segunda el prototórax con sus anexos para el vuelo, la tercera...
¡No lo hagas, Visko, por amor de Dios! –empezaron a gritarme mis amigos Zucotic, Petrovic y López, encarama­dos en las ramas más altas.
Para ellos la hembra era el demonio, la misoginia una misión. Desde la metamorfosis sufrían algún tipo de desvia­ción o disfunción sexual, habían adoptado los votos del sacerdocio y se pasaban todo el santo día mascando pétalos y recitando salmos. Eran muy religiosos.
Pero no había oración que pudiese detenerme, no ahora, que oía el gélido suspiro de mi amada, el sombrío rumor de sus membranas, su fúnebre y burlona sonrisa. Me moví fre­néticamente en dirección a aquellos sonidos, con la única pata que me quedaba, apoyándome en mi erección, esfor­zándome por llegar a visualizar la gloria de sus formas, ahora que no podía verlas porque ya no tenía ocelos, ahora que no podía olerías porque ya no tenía antenas, ahora que no podía besarlas porque ya no tenía palpos.
Por ella había perdido ya la cabeza.



sábado, 27 de febrero de 2010

La Ciudad


[Toteninsel.jpg]

LA CIUDAD

    Dijiste:

    " Iré a otro país, veré otras playas;

    buscaré una ciudad mejor que ésta.

    Todos mis esfuerzos son fracasos

    y mi corazón como muerto, está enterrado.

    ¿ por cuánto tiempo más estaré contemplando estos despojos?

    A donde vuelvo la mirada,

    veo sólo las negras ruinas de mi vida,

    aquí donde tantos años pasé, destruí y perdí."

    No encontrarás otro país ni otras playas,

    llevaras por doquier y a cuestas tu ciudad;

    caminarás las mismas calles,

    envejecerás en los mismos suburbios,

    encanecerás en las mismas casas.

    Siempre llegarás a esta ciudad;

    no esperes otra,

    no hay barco ni camino para ti.

    Al arruinar tu vida en esta parte de la tierra,

    la has destrozado en todo el universo.


    1911  - Konstantino Kaváfis




Ver entrada relacionada ' Ítaca '

martes, 23 de febrero de 2010

¿Cómo te llamas?


¿CÓMO TE LLAMAS?


Incógnito, pasa el reloj golpeando su itinerario,
en una marcha rumbo al olvido:

se parece a tus manos que laboran,
a tus pies circunscritos a un agujero,
a tus ojos que no tienen derecho a soñar.

¡Yo insisto en quedarme!

Y mientras la piedra con su granulometría
y tenaz monopolio de memoria dura,
insonora consolida su áspero ligamento
en el basto ejercicio del concreto;
tú gritas y tiembla el mundo:
interrumpes el misterio de los palacios
y allí,
ellos consternados cierran los ojos
y expectoran en lo que tú podrías ser.

Para tu confesión con el lamento,
hay un postulado de tiros al blanco:
el estómago deshabitado de las cucharas
puede corroer los barrotes del universo,
estandarizar el oro y el cristal de las lámparas.

Y como el péndulo
que lengüetea la brisa,
para ti,
sólo hay lo que hubo:
un gran silencio
y eso es todo.
Elías Letelie

martes, 16 de febrero de 2010

Harder, Better, Faster, Stronger.



Work It
Make It
Do It
Makes Us
Harder
Better
Faster
Stronger
More Than
Power
Hour
Never
Ever
After
Work is
Over

Work It Harder Make It Better

Do It Faster, Makes Us stronger
More Than Ever Hour After Hour
Work Is Never Over

miércoles, 10 de febrero de 2010

Mi Capitán



       Mi Capitán
La nube venenosa
        es perfume mi Capitán;
los coágulos en la alambrada
        son rosas mi Capitán;
y los huesos dispersos,
        tallos de flores mi Capitán,
        plantas mi Capitán.
Veo bien
        todo mi Capitán.
¿Y lo que brilla como culatazo?
        ¡Perdón mi Capitán!
¿Es el invierno?
¿Alumbrado público?
        ¡Sí!
        Decoración, mi Capitán.
Elías Letelier

lunes, 1 de febrero de 2010

Para cuando sobrevenga el final




Y si solo queda silencio,
el insomnio de una canilla
que no se cansa de gotear.
Y si solo queda por contar
una historia sin historia,
la noche nula
de 40 cigarrillos
aplastándose sin sentido.
Y si solo se trata
de retratar siempre
el mismo paisaje siempre,
la misma ventana siempre,
la misma miseria siempre.
Y si este corazón se durmió
de anestesia local
y se siente superfluo
latiendo a medio motor,
llorando a lágrima falsa.
Y si solo quedó por disfrutar
esta paz de lexotanil,
este canto tedioso,
esta melodía monótona,
esta soledad de dos plazas.
Para cuando sobrevenga
el final improvisado
no quedará más que un
" resígnese hermano"
para pagar
la entrada a la eternidad,
o a la nada
que nos espere.
Nos quedarán solo
los músculos cansados, solo
los labios cansados, solo
las manos cansadas, solo
los dedos cansados, solo
para justificar
esta ausencia de existencia
que nunca nos cansamos
de dar por sobreentendida
presente, mediocre
e irónicamente
especial y eterna.
Gito Minore

sábado, 23 de enero de 2010

Margaritas



MARGARITAS
Fredric Brown



El doctor Michaelson estaba enseñando a su mujer, cuyo nombre era señora Michaelson, su combinación de laboratorio e invernadero. Era la primera vez que ella iba allí en muchos meses y se había añadido un poco más de equipamiento.
- ¿Entonces hablabas en serio, John, - le preguntó ella finalmente, - cuando me dijiste que estabas experimentando en la comunicación con flores? Creí que estabas bromeando.
- No del todo, - dijo el doctor Michaelson. - Al contrario de lo que cree la gente, las flores tienen un cierto grado de inteligencia.
- ¡Pero seguramente no pueden hablar!
- No como hablamos nosotros. Pero contrariamente a lo que la gente piensa, se comunican. Telepáticamente, eso sí, y en imágenes pensadas más que las palabras.
- Entre ellas quizás, pero seguramente...
- Contrariamente a lo que la gente piensa, querida, incluso la comunicación humano-floral es posible, aunque hasta ahora sólo he podido establecer comunicación en una dirección. Es decir, puedo captar sus pensamientos, pero no enviarles mensajes desde mi mente a la suya.
- Pero... ¿cómo funciona, John?

lunes, 18 de enero de 2010

Todo lo que ves es un conejo



Accidents Polipoétics -  Todo lo que ves es un conejo



 
 
Todo lo que ves es un cuento interminable que un conejo que ha visto la
Luna imaginó mientras perseguía con sus orejas dos ojos de espuma
putrefacta en el centro de un pubis que salía en un anuncio de la tele que
nunca llegó a emitirse por problemas con la ética moral de aquellos que no
saben que todo lo que vemos es un cuento insostenible que una mosca
disfrazada de conejo que viajó hasta la Luna imaginó una tarde mientras
seguía un partido de waterpolo en una emisora pirata que la radio
expansionaba por las ondas de una ciudad cualquiera una hora cualquiera
de cualquiera de las horas en que aquellos cuyas ideas no pueden
soportar el vacío dictaban una sentencia de muerte para todos aquellos
que osaran utilizar la palabra: PUBIS.

Todo lo que pienses podrá ser usado en tu contra. Todo lo que digas podrá
ser usado en tu contra. 

Todo lo que hagas podrá ser recordado y tarde o temprano pagarás por
ello. Ser blanco /joven /adulto /educado /leer el periódico /pagar tus
impuestos /ayudar a las ancianas /nada te servirá.  

Los tenderos llamarán a la puerta y pedirán tu complicidad en sus
mezquinos proyectos. Todo lo que ves es un cuento interminable que una
hormiga recitó una noche de verano sobre las ruinas de un televisor.


E                     Pensar demasiado es peligroso.
S                      Pensar en las cosas es peligroso.
T                      Si piensas nunca digas lo que piensas.
R                     Yo, desde que no pienso, vivo mejor.
I                       No sufro, pero vivo mejor.  
B                      Decidir por tu cuenta es peligroso.
I                       Recordar el pasado es peligroso.
L                      La historia la inventan 
L                      periodistas y políticos.
O                     Nada de lo que dicen podrá ser
                        utilizado en su contra.



Yo, desde que no pienso, vivo mejor.
No sufro, pero vivo mejor. 

sábado, 9 de enero de 2010

Arquitectura entre Laberintos




Arquitectura entre Laberintos



Mi hermana y yo jugábamos a perdernos en el pueblo, en donde había un hotel muy grande, que poseía inmensos jardines, en ellos me perdí.

Al caminar me topé con un hombre: un hombre consumido y terroso, de ojos grises y barba gris, de rasgos singularmente vagos, que al hablar, decía saber donde se encontraba la secreta Ciudad de los Inmortales.

Escuché que decía:

    …atravesé el río y presencié anfiteatros, templos, muros, arcos, frontispicios y foros que ella poseía, el fundamento era una meseta de piedra. Un centenar de nichos irregulares surcaban la montaña y el valle, en un principio no encontraba su entrada, así que me refugié en una caverna; en el fondo había un pozo, en el pozo una escalera que me llevó al interior de una vasta cámara circular, había nueve puertas, ocho daban a un laberinto que falazmente desembocaba en la misma cámara, la novena a través de otro laberinto daba a una segunda cámara circular, de pronto unos peldaños de metal escalaban el muro, los subí, fui divisando capiteles y astrágalos, frontones triangulares y bóvedas, confusas pompas de granito y mármol. Así que me fue deparado a ascender de la ciega región de negros laberintos entretejidos a la resplandeciente ciudad… Me encontré en un patio, al que lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable, era un palacio en el cual la arquitectura era representada por incipientes muros, columnas y cúpulas que carecían de fin, estaba sola, como abandonada y sin embargo reluciente. Regresé tomando el mismo camino. Solamente eso puedo recordar, desde entonces no duermo, no como tampoco bebo por no poseer deseo de ello. ¿Acaso, seré yo un inmortal?

    Di media vuelta, y me alejé de aquel hombre sumergido en sus pensamientos, caminé, y seguí caminando y al dar un giro escucho:

    ¿Dónde estás?

    ¡Déjame de nuevo contemplarte!

    ¿Dónde estás Aleph?

    No entendí a ciencia cierta qué es lo que andaba buscando, sin embargo la desesperación en su voz se notaba. A la impronta luz, se cruza en mi camino un sujeto que da la impresión de tener una máscara en su rostro, su cara la tapa una bolsa de color oscuro, la que porta dos agujeros para ver, tímidamente se acerca y me observa detalladamente, sentí que no era lo que él esperaba, rompiendo su angustia me contó:

    Mi madre es una reina, dulce y justa. En cambio a mí, se me acusa de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de…bueno, tales acusaciones yo castigaré a su debido tiempo. Es verdad que no salgo de aquí, de ésta, mi casa, se que las puertas están abiertas día y noche a los hombres y también a los…bueno, que entre el que quiera, por ello estas tu aquí, por esa misma accesibilidad. A veces me siento como un prisionero. Por lo demás, algún atardecer he pisado otras calles; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras desconocidas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. Esa gente al verme oraba, se prosternaba, no en vano fue una reina mi madre, no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera. El hecho es que soy único. Me entretengo corriendo por estas galerías, las cuales tu habrás de recorrer, pues pendiente estoy de quien va entrando, esperando reconocer a mi redentor, pues hace nueve años entraron por aquí nueve hombres juntos, uno de ellos me confesó su existencia. Desde ese momento me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor, sé que al encontrarlo, al fin acompañará a mi dulce madre y abogarán por mí. ¿Cómo será mi redentor me pregunto, acaso tú me darías una señal para ir hacia él y abrazarlo?

    Paramos de caminar para contemplar de repente el brillar de una placa dorada en la que leí:

    No habrá nunca una puerta. Estas dentro y el alcanzar abarca el universo y no tiene anverso ni reverso ni externo muro ni secreto centro. No esperes que el rigor de tu camino que tercamente se bifurca en otro, que tercamente se bifurca en otro, tendrá fin. Es de hierro tu destino como tu juez. No aguardes la embestida del toro que es un hombre y cuya extraña forma plural da horror a esa maraña de interminable piedra entretejida. No existe. Nada esperes, ni siquiera en el negro crepúsculo la fiera.

    De pronto mi acompañante me da la espalda, diciendo, ¡Ese escrito aparece siempre en el sendero de mi camino, más aún cuando alguien me acompaña, en los momentos de ternura y belleza que siente mi corazón! - y grita al cielo -: ¿Cómo será mi redentor? ¿Será un toro o un hombre? Volteándose me da el frente sin máscara, llorando a mis pies se cuestiona mesuradamente ¿será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

    Hombre o bestia, una mutación poseía, se alejó por temor a que me burlara. Traté de retenerlo, pero no fue posible. Lo ocurrido indicaba que estaba en un sitio muy singular, por lo cual empecé a indagar. Subí por una escalera, que me llevó a una entrada, en la que mi sorpresa fue mayor al encontrarme con un espacio compuesto de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercado por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. Una persona amable me dice:

    ¡Entra, pasa a este universo, que lo han catalogado como la biblioteca!

    Sin duda alguna era el guardián, era pues el bibliotecario, que guiándome con la mano señala:

    La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado cubren todos los lados menos dos, cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas, cada página de cuarenta renglones, cada renglón de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas; su altura que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un hermoso zaguán hay dos gabinetes minúsculos: uno permite dormir de pie; otro satisfacer las necesidades fecales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias.

    Aquí he viajado en mi juventud, he peregrinado en busca de un libro, un libro que posea los veinticinco símbolos ortográficos, un libro total, que signifique o que me indique algo, que me explique y que me haga entender, pues en otro he leído que los libros nada significan entre sí, pero también dicen que existe uno único, el cual, da la sabiduría completa y el descanso. Ayúdame a encontrarlo, pues lo compartiremos.

    Desconcertado por el lugar, fingí estarle ayudando, observé cuidadosamente el espacio, realmente era increíble, sentía que simplemente mi mirada se perdía en él, por lo que me costaba mucho trabajo retenerla. Tomé un libro dorado, descuidadamente se deslizó entre mis dedos cayendo al piso, indicando sugerentemente el siguiente texto:

    Me encuentro delante de un altar de tierra donde flamea un fuego de hierbas secas, al que con brazos extendidos y mirando hacia arriba cantaba: El cielo es mi padre, el me ha engendrado. Tengo por familia todo este acompañamiento celeste. Mi Madre es la gran Tierra.

    Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y que los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía un laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: ¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te venden el paso. Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

    El canto duró hasta el anochecer, era noche de luna nueva, desciende de la colina marchando bajo las encinas, prestando atención como antes a las voces evocadoras del bosque. Se encontraba de nuevo ante el templo abierto de ancho portal, pues las columnas ya habían subido hasta el cielo posándose ante él, una mujer bella se le acerco; llevaba una magnífica corona, su cabellera tenía color oro, su piel la blancura de la nieve y sus ojos el brillo profundo del azul del cielo después de la tempestad. Ella le dijo: Yo era la mujer salvaje; por ti he llegado a ser la esposa radiante y glorificada, ¡Oh, mi dueño y mi rey!, mis pasos han de enaltecer la entrada de tu palacio, pues brillara majestuoso durante esas noches de soledad lunar; mi presencia por el día, añadirá a los corredores que circulan el estar las cálidas sensaciones en colores ocres y amarillos que no brinda la piedra por su seriedad; y si así lo deseas, mis vestimentas serán teñidas del color del salpicar de las fuentes que posees en el jardín.

    Él guardó silencio por un instante. Su mirada sumergida en los ojos de ella, media el abismo que separaba la posesión completa del eterno adiós. Pero sintiendo que el amor supremo posó su mano libertadora sobre la frente de la mujer, bendiciéndola le dijo: Adiós, se libre y no me olvides, pues yo no habitaré ese palacio al que tú has de habitar, no con el color trasparente del agua al salpicar, sino con el color del alba teñido por tu suspirar, y si así lo deseas, mis vestimentas serán…

    ¿Qué estás leyendo? - interrumpe el bibliotecario -

    ¿Acaso lo has encontrado?

    De inmediato dejé el libro en sus manos, y escapé como pude de ese lugar de sabiduría que ahoga.

    Por el correr de prisa, crucé otra puerta, que me introdujo a una galería de sensación elíptica, con el techo tan alto como el espacio de la catedrales góticas, que parecía tener anuncios y leyendas, entre las cuales leí:

    "Soy el único hombre en la tierra… y poseo el castillo mismo en el que ahora mismo piensas tú... Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna. He soñado la tarde y la mañana del primer día. He soñado a Virgilio… y las escenas de la Divina Comedia de Dante... He soñado la geometría. He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen. He soñado el amarillo, azul y el rojo. He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo en el alba. He soñado la duda y la incertidumbre. He soñado el día de ayer. Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido. Acaso sueño haber soñado."

    En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a ti escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

    El templo predilecto, la plaza del mercado, los jardines de la escuela, tu casa… un monumento de una tarde sin duda inolvidable…, así como…el rojo espejo occidental en que arde una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas…ciegas y extrañamente sigilosas! Durarán más allá de nuestro olvido, no sabrán nunca que nos hemos ido.

    En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en el que se odian dos colores. Adentro irradian mágicos rigores las formas: torre homérica, ligero, caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores. Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no se habrá cesado el rito. En el oriente se encendió esta guerra cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito. Dios mueve al jugador y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza…?

    Al pasar al siguiente esquema de letras mis pasos delataron el sonido de algo que se encontraba en el suelo, era…una moneda común, de veinte centavos. Camine embelesado con la moneda, la apretaba en las manos para asegurarme que aún se encontraba ahí. Pensé que no hay moneda que no sea símbolo de las monedas que sin fin resplandecen en la historia y la fábula. Pensé en el óbolo de Caronte, en el óbolo que pidió Belisario; en los treinta dineros de Judas; en las dracmas de la cortesana Laís; en la antigua moneda que ofreció uno de los durmientes de Éfeso; en las claras monedas del hechicero de las 1001 Noches…pensé que nada hay menos material que el dinero…el dinero me puede permitir la entrada a un restaurante, en las mesas copas y velas, adornos florales y enfrente de mí, el sonido transmitido por un saxofón acompañado de una melodiosa voz, a mi lado el ser de mis deseos y en el plato un rico flan,…vaya una moneda simboliza nuestro libre albedrío. La miré, nada tenía en particular salvo unas ralladuras.

    Mientras sorprendido escucho:

    - Te cambio al Zahir por mi Aleph

    ¿Mi Zahir por tu Aleph?

    - Si, por mi Aleph, yo lo hube buscado y encontrado.

    ¿Y donde lo encontraste?

    - En la calle Garay, dentro una casa vieja, en el ángulo izquierdo del sótano.

    ¿Y qué es un Aleph?

    - ¡Ah! es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos. Entonces, ¿cambiamos?

    ¿Y, es tuyo?

    - Claro que es mío… yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. En el sótano, ya te lo dije. Mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

    ¿Me puedes describir que es el Aleph?

    - Si, es el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.

    (Por un momento pensé que este tipo estaba loco) ¿Déjame verlo?

    - ¡Dame el Zahir y lo veraz!

    Ten la moneda.

    - El Aleph está aquí, bajando este sótano… me voy, bajo la trampa y te quedas solo, para que no se vaya querer escapar,…claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio…baja; muy en breve…

    Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales…empecé a buscar… cerré los ojos y los abrí. Entonces lo vi, el espacio cósmico estaba ahí.

    Vi al rey de la reina y de los hechicero… ciudad en donde…los Yahoos duermen donde los encuentra la noche…

    Vi…a una chica que ha enloquecido y que en su dormitorio los espejos están velados pues en ellos ve un reflejo usurpando el suyo, y tiembla y calla por ser consciente o inconscientemente perseguida mágicamente.

    Vi…un sentido en lugar de cinco, en un mundo de individuos que pueden comunicarse entre ellos, por medio de palabras, como dijo Schopenhauer, la música no es algo que se agrega al mundo; la música ya es un mundo.

    Vi un edificio…dentro de un terreno rectangular de seis metros de frente y algo menos de dieciocho de fondo. Cada una de las seis puertas que agotan la fachada de la planta baja comunica, al cabo de noventa centímetros, con otra puerta igual de una sola hoja y así sucesivamente, hasta llegar al cabo de diecisiete puertas, al muro de fondo. Sobrios tabiques laterales dividen los seis sistemas paralelos, que forman un conjunto de ciento dos puertas. Desde los balcones de la casa de enfrente, el estudioso puede atisbar que el primer piso abunda en escaleras de seis gradas que ascienden y descienden en zigzag; el segundo, consta exclusivamente de ventanas; el tercero, de umbrales; cuarto y último, de pisos y techos, el edificio es de cristal.

    Vi el populoso mar, el alba y la tarde,

    vi las muchedumbres de América,

    vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo,

    vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó,

    vi racimos, vi nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua,

    vi un círculo de tierra seca en una vereda,

    vi la noche y el día contemporáneo,

    vi tigres, bisontes, marejadas y ejércitos,

    vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte,

    vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra,

    vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré,

    porque mis ojos habían visto ese objeto, ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpaban los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

























Para ver
Bibliografía y extras,

miércoles, 6 de enero de 2010




Y yo, que en pequeñas partículas
dormitaba en el fondo de mis ojos
al momento afloré.
Y creo que él me vio.
Antes de volver a sedimentarse en lo profundo me vio.
Aparecí como un círculo que danza,
como franja de vasija,
y en cada figura me mostraba diversa.
Aparecí como un cortejo de mujeres distintas,
y el rostro de cada una era el genuino.
Aparecí, y al instante, me desvanecí como un trasgo.
Pero creo que él me vio.
Y aun así quise regresar, asomarme,
contemplarlo con mis innumerables ojos,
abrumarlo con las múltiples imágenes, todas verdaderas,
con el recitado de mis muchos nombres;
consentirle de nuevo sorprenderme,
revelarme bajo mi única
                                              apacible
                                                             e invariable máscara.
Sí, eso quise.

Ana Rossetti